Mostrando entradas con la etiqueta acompañamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acompañamiento. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de diciembre de 2014

Transgrediendo el ruido

Creo firmemente que la figura de la doula en el modo de vivir que socialmente impera es transgresora. La tarea de la doula es acompañar (a las mujeres, a las parejas, a las familias) y esto que es solamente una palabra hace falta explicarlo muy claramente porque a veces es difícil de comprender. En los encuentros que comparto con otras mujeres embarazadas o bien ya con sus bebés nacidxs, me esfuerzo por bajar a la tierra y concretar en qué consiste la misión de la doula por varias razones. La primera es que existen tantas doulas como mujeres acompañan y cada una tiene su manera de estar, de conectar, de comprender y cuidar la maternidad. La segunda es que hay muchas doulas que complementan su tarea de acompañamiento con otros saberes o destrezas (yoga, reiki, asesoría de lactancia, asesoría de porteo, psicología, terapias alternativas...) y, sin menospreciar ninguno de ellos, tengo la sensación de que a veces lo de "acompañar" queda detrás, oculto bajo todos esos conocimientos que sí pueden ocupar lugar en un currículum. Y éste es un punto importante: vivimos en la época de los saberes hiperfragmentados. Cada  conocimiento tiene su descripción y su título correspondiente que lo avala. Y es fundamental tener un currículum vitae bien largo en el que se especifiquen todos y cada uno de nuestros conocimientos. Si no, estamos fuera del mercado de trabajo. Por eso, esto de "acompañar"... así como que queda un poco pobre, ¿no? Tenemos que tener cuidado y no caer en la carrera frenética de la "titulitis". Como doulas tenemos la obligación (por el respeto y amor hacia las mujeres que acompañamos) de formarnos y actualizarnos continuamente. Hay lugares y profesionales geniales que ofrecen cursos, talleres... formación muy buena, que es recomendable tener en cuenta. Sin embargo, las doulas no podemos pensar que somos "menos" doula por "simplemente" acompañar y no ofrecer otros servicios que complementan nuestro acompañamiento. Porque el núcleo, la razón de ser de la doula es acompañar. Nada más y nada menos. Pero es cierto: lo de acompañar así a secas, suena un poco pobre.


En una manera de entender la vida, en la del autobombo, en la de querer ser protagonistas, en la sociedad del ego... es difícil querer ser esa mano que aparece desde la derecha de la foto y que conforta a la mujer que es verdaderamente centro y razón de ser de nuestro acompañamiento. Ésa es la doula, que no actúa, no fija la atención de nadie, sino que es y justo en esta manera de estar, de hacerse presente-ausente, de aparecer cuando se la necesita y de pasar totalmente desapercibida consiste su acompañamiento. Sinceramente esto es algo más complejo para escribirlo en un currículum, para contarle a alguien deprisa y corriendo... Pero es así. Para mostrar qué es una doula se necesita algo de tiempo, y justo de eso no hay mucho en esta sociedad de prisas, agobios, títulos, figuras imprescindibles, opiniones, consejos no pedidos... y poco respeto a los ritmos de crecimiento, desarrollo y a las necesidades individuales y grupales. 

En este primer sentido es en el que me parece transgresora la figura de la doula. Pero también en un segundo que ya queda un poco dibujado en líneas anteriores: en ese no hacer de la doula. Me gusta mucho leer a Liliana Lammers, porque ella lo explica muy bien y afirma que "la doula vale por lo que es, no por lo que sabe":

“Hoy, en un momento en que disponemos de dos maneras de comprender el proceso del nacimiento, no es sorprendente que existan dos tipos de doulas (y dos tipos de parteras, matronas, etc.). Un grupo es representativo del paradigma cultural dominante, que es la repercusión de miles de años de interferencias a través de creencias y rituales. Este enraizado condicionamiento cultural se basa en la idea de que una mujer no tiene el poder de parir por sí misma.  En este paradigma las palabras clave son: “ayudar-apoyar-coach-guiar-manejar”.  Dentro del marco de referencia de este paradigma dominante, las doulas necesitan una “formación”, un “entrenamiento”.  Este paradigma –obviamente-  ha llegado a sus límites,  ya que, en cuanto a lo concierne a la historia del nacimiento, estamos al fondo del abismo. El otro grupo se caracteriza por una comprensión del proceso del nacimiento inspirada en la fisiología moderna.  El proceso del parto es considerado un proceso involuntario, bajo el control de las estructuras arcaicas del cerebro.  En general, uno no puede ayudar un proceso involuntario  Sin embargo, un proceso involuntario puede ser perturbado por situaciones inhibitorias fácilmente identificables gracias a conceptos fisiológicos bien establecidos; como por ejemplo, el concepto de antagonismo entre la oxitocina y la adrenalina y el concepto de inhibición neocortical.  Dentro de este paradigma emergente, la palabra clave es “protección” (protección de un proceso involuntario en contra los factores que lo puedan inhibir): el proceso del parto tiene que ser protegido, en particular, en contra de los efectos del lenguaje, de la luz y de situaciones que estimulan la atención tales como sentirse observada o sentirse insegura." 
Podéis leer más aquí.

Un ruido ensordecedor

La doula protege, pero no sólo durante el parto. También durante el embarazo. Y es que lo vivimos rodeadas de ruido: el de las personas que nos comparten sus experiencias como madres, las que nos anticipan cómo vamos a vivir (de mal, además) el parto o la primera crianza de nuestras criaturas; el de los medios de comunicación que nos venden necesidades que o bien no existen o bien son superfluas mientras estamos embarazadas y cuando ya han nacido nuestrxs bebés; el de las innumerables pruebas médicas que nos confinan en el ámbito de la enfermedad y nos impiden vivir con gozo y alegría nuestros embarazos... Un ruido ensordecedor que está ahí desde siempre. Es un ruido que nos hace difícil conectar con nuestro cuerpo y abrazarlo tal y como es, con sus ciclos, con sus tamaños y sus formas... desde que somos niñas. Y cuando llegamos a adultas y nos embarazamos saltan muchos mecanismos de sordera de esos ruidos que hacen que muchas queramos vivir(nos) de otra manera.

La doula acompaña el embarazo sin querer ser una biblia del mismo. La doula no todo lo sabe ni tiene por qué saberlo. La doula informa de manera objetiva (sin asesorar, sin aconsejar, sin opinar) pero sobre todo, la doula acompaña emocionalmente. Eso significa sacar a la luz ese ruido que, como mujeres, está con nosotras en mayor o en menor medida con el objetivo de que afloren los miedos y seamos conscientes de ellos (ni siquiera para obviarlos o para borrarlos) y seamos conscientes de nuestros deseos, esperanzas e ilusiones. Desde la alegría es donde queremos colocarnos para vivir nuestra maternidad. Desde la alegría y la libertad de sabernos dueñas de nosotras mismas y de nuestros cuerpos. Desde la responsabilidad gozosa de ser madres.
Creo que la doula transgrede porque es una figura símbolo del silencio, la sombra, el papel secundario. Porque acompaña y esto quiere decir estar al lado de alguien sosteniendo emocionalmente un proceso de transformación personal. Con respeto, con mirada cariñosa, con actitud atenta, con esperanza e ilusión. Una persona que da tiempo a quien necesita tiempo y que protege a quien necesita ser protegido para desplegarse en todo su potencial. 
Creo que todas estas actitudes y esta forma al fin y al cabo de habitar el mundo y de generar espacios y relaciones íntimas y respetuosas son profundamente transgresoras en la sociedad en la que vivimos. Estamos acostumbradxs a la rapidez, a la urgencia, a relaciones superficiales y comunicación de ascensor. A vivir de forma privada y sin compartir los momentos de cambio y de crisis de nuestras vidas. A no darle lugar a la emoción y al deseo. Por eso la tarea de la doula es a veces compleja de explicar y vislumbrar. Pero es una responsabilidad llena de luz y de posibilidades.


martes, 15 de julio de 2014

Porque tú quieres

A parte de:

  • una reducción del 50% de las cesáreas
  • la reducción de la duración del trabajo de parto en un 25%
  • el uso de oxitocina artificial reducida en un 40%
  • la epidural y otras analgesias reducidas en un 60%
  • la reducción de sentimientos y experiencias negativas en el parto
  • el aumento del éxito en la lactancia
  • una adaptación más sencilla a las nuevas dinámicas familiares
  • el sentimiento de empoderamiento de la mujer
  • el descenso del riesgo de una depresión postparto
  • y la incidencia más baja de abuso sobre la mujer a lo largo de su maternidad...
(tomado de www.decodedpregnancy.com)

A parte de esto, la razón más poderosa para querer que una doula te acompañe es justamente esa: que TÚ QUIERES.

viernes, 4 de julio de 2014

Sobre nuestra libertad para cambiar

Una de las promesas que quizás te hagas estando embarazada y si en tu entorno no sois muchxs lxs amigxs que tenéis criaturas es que no vas a cambiar después de tener a tu bebé. Seguramente una de las preguntas que te hagan aquellas personas cercanas después de haberlo tenido es si te ha cambiado mucho. Y por supuesto que una de las afirmaciones que se repiten tras su nacimiento es "anda, lo que te ha cambiado la vida!". 

Cada una nos hacemos unas expectativas, unas componendas cuando estamos embarazadas por primera vez acerca de cómo será la vida postparto, ya sean pocas o muchas, muy detalladas o pocas. Depende de muchos factores: de la información (real) con la que contemos, de las experiencias de maternidad y paternidad que nos rodean... La cuestión es que nos proyectamos siendo madres y miramos hacia un futuro próximoYa siendo madres y más siendo puérperas podemos girar la cabeza hacia el pasado, hacia esa vida que teníamos sin nuestrxs hijxs y a veces casi ni si quiera recordarla. Parece que siempre hemos vivido así, en una especie de tiempo circular en el que nuestros ojos miran casi continuamente hacia esta otra persona que llena nuestros días y nuestras (pre)ocupaciones.

¿Ya no soy yo? Pero... ¿quién era yo antes de esto?

Es bueno olvidar por completo los mandatos del entorno (ya sean medios de comunicación o personas de carne y hueso) que nos ordenan eso de "volver a ser la que eras antes" tanto física o mentalmente (principalmente en lo que concierne al físico, sí, pero también en cuanto a los ritmos del día a día, el ocio, las distracciones, etc.). Es una presión sobre nosotras que no ayuda a componerse tras el nacimiento de un/x hijx. Poco a poco una se va a encontrando con ella misma: frente al espejo, frente a lxs demás, frente a la pareja... Es sano mirarse con cariño: cuidarse el propio cuerpo (no me refiero a ponerse a dieta, sino más bien a mimarse una misma) y aceptarlo con cariño. Sí, hemos podido cambiar tras el embarazo y tras el parto y es una tarea que cada una tiene que hacer el encontrarse con una misma en el espejo. Encontrar tu espacio entre lxs demás también es una tarea pendiente, un proceso lento que requiere tiempo y más tiempo: has de reconocer cuáles son tus ritmos (ahora, por lo general, cambiantes y dependientes de las necesidades de otra persona) y tus lugares. Y esto puede resultar algo duro. 

Y al igual que nos mimamos el cuerpo y lo miramos con afecto, así también la pareja. Dejando espacio y tiempo a las nuevas emociones, a la necesidad de reposo y de descanso, a las nuevas formas que adquiere lo sensual y lo sexual. Trabajando en común, poniendo paciencia, empatía y amor. Tampoco aquí vamos a encontrarnos seguramente rápido. Pero todo llegaY llegan los momentos de tranquilidad, de reflexión, de hacer memoria, de volver a mirar hacia adelante. Y llega ese instante en el que te encuentras entera de nuevo (o casi entera), como si los trocitos que has sido tú en los últimos tiempos se reunieran otra vez. 

¿Soy la misma? 

¿Qué significa ser la misma? Cada experiencia nos transforma. Somos moldeadas por todo aquello que vivimos (y más con intensidad), por todas aquellas personas que dejamos entrar en nuestra vida y removernos más o menos. Una no es la misma después de 5 años. Tampoco después de haber encontrado a una gran amiga. Ni si quiera tras compartir la vida con alguien a quien quieres durante un café. Una no es la misma tras querer a alguien. Tampoco cuando le hacen daño. Todo cambia. El embarazo, el parto y el nacimiento de un/x hijx es un cúmulo de experiencias de remueven, descolocan, trastocan, rompen, desgarran... a todos los niveles de la vida de una mujer. ¿Cómo voy a ser la misma?

Permitidme mi derecho a cambiar. Permítete la libertad para cambiar. Mucho, poco... qué más da. Lo importante es darnos ese tiempo y ese espacio para hacerlo. Cada una sabrá cuánto necesita. Pero hay que permitírselo porque es fundamental vivir intensamente y con profundidad las experiencias que nos dejan huella: para disfrutarlas, para reflexionarlas, para compartirlas y para aprender de ellas y de nosotras mismas.
Me quedo con la canción de Mercedes Sosa:

adoro a esta mujer <3

lunes, 30 de junio de 2014

Buscando formación de doula

Se cierra un curso escolar y con ello, se entrevé el comienzo de otro... y así numerosos talleres, formaciones, másters del universo y un largo etcétera. También formaciones de doulas. Después de leer algunas manifestaciones personales en las redes sociales de otras doulas y también algún que otro comunicado, se mezclan en mí varios pensamientos y sentimientos...

Recuerdo que cuando quise formarme como doula anduve buscando cursos sin mucha orientación. Es cierto que venía de Argentina y allá la figura de la doula tanto formal como materialmente es distinto a cómo se entiende la doula en España (así como su complementariedad con las matronas). Me metí en internet y comencé a ver formaciones: sus contenidos (se parecían bastante muchas), el número de módulos de los que constaban, su precio, su localización, su duración, en dónde se impartían (algunas tienen lugar en otros centros de formación de otras disciplinas...), sus ponentes... Me hice una buena comparativa, según mi opinión, y, sin muchos criterios más allá de mis preferencias personales me lancé a pedir información a unas tres. Todas ellas me contestaron rápido, de manera afectuosa y clara. Finalmente me decanté por una que aún no había comenzado (volví de mi viaje en septiembre y en esa fecha empiezan la mayoría), que estaba muy cerca de mi domicilio de entonces y cuya encargada resultó simpática, cercana y seria. Realmente era un dinero considerable lo que costaba la formación y por eso, esperé a verlo claro. Comenzaba mi embarazo y principalmente quería esa formación para mí: en ese momento inicial lo de trabajar como doula no lo visualizaba aunque algo intuía: antes de comenzar la formación empecé a leer todo lo que caía en mis manos sobre acompañamiento en la meternidad y junto a mis nuevas necesidades incipientes como mujer embarazada y a mi experiencia en acompañar procesos personales en el ámbito de la educación... me gustaba lo que comenzaba a dibujarse en mi cabeza, siendo aún sólo un esbozo todas aquellas ideas y sensaciones nuevas que se agolpaban dentro de mí.

Resultó ser un espacio acogedor que me aportó diferentes aprendizajes muy útiles y válidos: ser acompañada por un grupo heterogéneo de mujeres en el que la palabra amable y el gesto cuidado hicieron el compartir vida y camino un profundo disfrute. Compañeras que nos encontrábamos codo con codo aprendiendo y hablando de quiénes éramos, lo que deseábamos y quiénes queríamos ser. Compartiendo nuestras luces y nuestras sombras como mujeres. Por eso, la formación fue una oportunidad de reencuentro conmigo misma de forma diferente a cómo había sido siempre ese trabajo de introspección que ya había ensayado en varias ocasiones: descubrirme como mujer en compañía de otras mujeres y mimar mi pasado con sus momentos buenos y también con sus oscuridades para proyectarme con más luz para servir en el acompañamiento a la maternidad de otras mujeres mientras yo estaba viviendo la mía propia. 


También realicé otro tipo de aprendizajes más técnicos, más centrados en el conocimiento acerca del embarazo, parto y postparto de la mano de grandes profesionales que giran en torno a la maternidad (mujeres sabias) al tiempo que iba creciendo en mí la necesidad imperiosa de informarme más y más. Seguramente una de las cosas más valiosas que recibí en la formación fue la mirada amable y empática hacia otras maternidades y paternidades: hacia las decisiones de las mujeres embarazadas y madres. Colocarme en ese lugar de empatía, paz y comprensión me ha hecho crecer como persona y como mujer y ser capaz de enfrentar mi maternidad y las experiencias que ha llevado consigo de una manera madura y tranquila.

Y es que el acompañamiento es un arte.

Un arte que en España no está reconocido como profesión: no hay unos estudios formales, oficiales, institucionalizados, homologados... de doula. Lo cual es un fastidio... además de una pena (está demostrada la utilidad de la presencia de la doula durante el trabajo de parto, por ejemplo, para evitar partos instrumentales, episiotomías, cesáreas y compañía y favorecer partos normales y vaginales aparte de lo bueno y lo saludable que es un acompañamiento emocional continuo y personal durante el mismo para la mujer...). Y al no estar reconocido como profesión ocurren cosas malas, aunque también buenas (como en toda enseñanza no reglada y fuera de las instituciones educativas). A las malas se las da mucha prensa (ojo, no digo que no haya que darla): mujeres que se hacen llamar doulas y realizan prácticas que no competen a la doula sino a la matrona, formaciones que prometen profesionalización cuando ésta es imposible porque no existe legalmente nada así para las doulas... Sí, hay mucho desamparo que deja la puerta abierta a todas estas cosas... y otras también desagradables (persecución de doulas por parte de matronas...). Está claro que hay que arrojar luz sobre la figura de la doula: darla a conocer, mostrar la importancia del acompañamiento durante la maternidad (por alguien a quien la mujer embarazada/madre quiera ser acompañada... llámese doula, prima o hermana...), la actual medicalización de los procesos de la maternidad y otros muchos aspectos que de forma implícita o explícita van de la mano de la figura de la doula. Por ello es bueno aclarar públicamente qué es una doula y para qué sirve (así cómo que no es una doula y para qué no puede servir, qué prácticas no son de su competencia, etc.). También, como se ha dado ahora el caso, hablar de qué no es bueno ofrecer en las formaciones (colectivamente hablando y para ser honestas con las mujeres a las que pretendemos formar y acompañar).

La otra cara de la moneda de este desamparo profesional es la aparente necesidad de algunas doulas de presentarse como "algo más" que doulas: numerosas terapias, técnicas... corporales, mentales, espirituales y un largo de etcétera que aparecen como complementos de la doula. Personalmente creo que está genial que cada una se forme en lo que sienta que debe formarse. Pero lo que está claro es que no por ser terapeuta en x o profesora de yoga/pilates/x o psicóloga o lo que sea en lo que me haya formado soy "más" doula. Para ser doula tengo que acompañar. Ya está. Todo lo demás me enriquece personal y profesionalmente pero una que es psicóloga y doula no puede, por ejemplo, como doula tratar una depresión postparto. Otra cosa es que trabaje como psicóloga tratando depresiones postparto. Pero una doula no puede diagnosticar o tratar una depresión postparto. Me explico, ¿verdad? Parece que ser sencillamente doula es no ser nada y necesitamos un montón de títulos que avalen nuestra persona... 

Es una lástima que las formaciones de doula no estén regladas por ley en este país, pero como dice Yolanda "crecemos y somos una realidad". Ya va siendo hora de a esta realidad se la nombre legalmente. Dar nombre a las doulas sería definirnos y así, por fin, arrancarnos del interrogante de nuestra existencia. 

Para saber qué es una doula, encontrar alguna formación maja, aquí.