miércoles, 18 de febrero de 2015

Informes: patriarcado, salud y mujeres.




A raíz del "Informe Doulas", documento realizado por el Consejo General de Enfermeros en España (www.informadoulas.com) están apareciendo muchos testimonios, pareceres, críticas, anhelos y esperanzas de personas y colectivos en medios de comunicación y redes sociales. La palabra "doula" parece que sale a la luz, aunque tristemente no de la mejor manera (esto es, acompañada de argumentos y no de meros prejuicios). En cualquier caso, no quiero hacer una reflexión acerca de la figura de la doula y de la de la matrona (hay por aquí en el blog algún que otro post en el que hago mención a lo que hacemos o dejamos de hacer las doulas en nuestro acompañamiento).

Es un documento que habla de relaciones: de cómo las mujeres se relacionan entre ellas, de cómo se relacionan con el sistema de salud y lxs profesionales que en él trabajan, de cómo se relacionan las mujeres con sus cuerpos y sus procesos de maternidad. Y siendo un documento institucional, pero no debido a ello, trata esas relaciones como relaciones de poder. Relaciones y poder. Además, en su intento de criticar algo, muestra cómo legitima ciertas relaciones de poder. Por si alguien lo dudaba, quienes salen perdiendo en estas relaciones son las mujeres. 

Informe Doulas

Quiero escribir sobre cómo este informe pone de manifiesto, de nuevo, que nos atraviesa el patriarcado. Una definición de patriarcado es por ejemplo ésta: "puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–politicas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia". 

Puede que haya quien, leyendo esta definición y teniendo en mente la cuesitón que tratamos (doulas, matronas...) se eche las manos a la cabeza y piense que estoy exagerando (ay, estas feministas que siempre acaban hablando de lo mismo!). Os animo a leer el informe, así como el dossier de prensa y por supuesto, los vídeos que están colgados en su web. 

Podría hacer referencia a la historia de la obstretricia y ginecología (violencia tras violencia con las mujeres y sus cuerpos, experimentación... así como exclusión sistemática de las mujeres en el cuidado de sus comadres y demonización de sus conocimientos, caza de brujas... podéis ver algo en: http://bibliotecalibre.org/bitstream/001/299/4/978-84-96453-51-7.pdf http://lavozdelmuro.net/conoce-la-terrorifica-historia-de-los-padres-de-la-ginecologia-los-medicos-de-la-muerte/# hasta pleno siglo XX en España https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/25253-la-utilizacion-mujeres-experimentacion-medica.html). Sólo apuntar que la maternidad es un proceso altamente medicalizado actualmente y esto significa muchas cosas, entre ellas, que el embarazo, parto y postparto están atravesados hoy día por protocolos y prácticas médicas que incluyen relaciones con el sistema de sanidad, con el personal sanitario... Y que esté medicalizado quiere decir que el protagonismo a lo largo de ese proceso de devenir madre lo tiene, generalmente, no la madre sino todos esos elementos externos que securizan y controlan la maternidad para que no suceda nada negativo (para que todas las posibles patologías y desviaciones de un embarazo, parto y postparto normal no tengan lugar). 

Voy a señalar una obviedad (que parece a veces necesaria cuando se entra a debatir estas cosas): gracias al desarrollo médico, científico y tecnológico mueren menos personas. Y en lo que a maternidades se refiere, también. Es decir, que aquí no estoy denostando la existencia de una atención perinatal sanitaria ni nada por el estilo. Sencillamente, estoy diciendo que la maternidad está medicalizada (no soy la primera ni la última persona que lo hará). 

Por ello, las relaciones que las mujeres a lo largo de nuestras maternidades tendemos hacia el sistema de sanidad y hacia el persona que nos atiende suele ser de dominación. Esto significa que hay una cesión de decisiones, de responsabilidad y también de libertad en pos del control y la supervisión, con el fin de que "todo vaya bien". No soy yo quien ha de juzgar la necesidad y el efecto de los distintos controles y pruebas médicas durante el embarazo, eso se lo dejo a cada mujer. La cuestión es que lo que me diga la matrona en una visita, o la ginecóloga en la revisión, o la ecografista en la ecografía de turno importa y mucho. Porque son quienes nos dicen lo que tenemos que hacer para que "todo vaya bien", cuánto debemos comer, cuánto debemos pesar, qué pruebas tenemos que dejarnos realizar para observar el correcto devenir de nuestrxs hijxs, cuánto tenemos que movernos o estar en reposo, cómo debemos parir (cuándo tenemos que empujar...). Repito, no soy yo quien sancione moralmente esto, se lo dejo a cada mujer.

En la maternidad, como en culaquier otro momento de nuestra vida, parece ser que es el médico quien sabe. Y justamente este supuesto en el imaginario colectivo como pacientes es el que reclama el CGE en el informe. Es lo que constituye la dominación. 

No se trata de querer que no existan las matronas. Se trata de no querer que exista este sometimiento en el que consiste la medicalización de la maternidad. Se trata de ser libre de realizarme las pruebas que considere oportunas sin reducir el embarazo a ese control, ni material ni emocionalmente.  

No puede ser que el discurso acerca de la maternidad sea uno que genere mujeres que viven sus maternidades con miedo, con terror. Quizás lo más descarado, lo más expresivo sea que el informe no dé importancia a la violencia obstétrica que llena los hospitales y paritorios de este país. Un discurso que inmoviliza y así garantiza el orden de las cosas que ha sido hasta ahora: señala como atentado a la salud pública la información y recomendaciones que podemos hacer las doulas y sin embargo banaliza la violencia obstétrica (que va más allá de lo que sucede durante el parto y el nacimiento). 

Las cuestiones de la figura de la doula, su posible profesionalización, la unión de las doulas asociadas y no asociadas en España, etc., son importantes. Seguramente esto sirva de acicate para comenzar nuevos caminos aún no transitados aquí.

Sin embargo, creo que la publicación del documento del CGE pone de manifiesto que la atención sanitaria durante la maternidad adolece de paternalismo. Infantiliza a las mujeres al dar por hecho que somos incapaces de tomar decisiones sobre nuestros cuerpos sin encomendarnos a quien tiene la formación adecuada. Explicita que el acompañamiento emocional lo debe hacer un profesional especializado en psiquiatría también incluyendo este acompañamiento dentro del ámbito de la enfermedad, de la patología. Según este informe, que las doulas existan (aparte del oportunismo económico, por supuesto) se debe a la ignorancia supina colectiva de las mujeres que se dejan engañar. 

No voy a hablar aquí de todas esas competencias que señala el documento que supuestamente nos adjudicamos las doulas y que son legalmente de las matronas (en algún otro post del blog está ya mi opinión de cómo se pueden complementar ambas figuras, tal y como ya lo hacen en la práctica aquí en España equipos de matronas y doulas que trabajan conjuntamente en partos domiciliarios y cómo se trabaja en los hospitales que aceptan y reconocen a las doulas cuando éstas acompañan a mujeres en partos hospitalarios, amén de lo que ocurre en el resto del mundo).

Sí quiero hacer hincapié en lo siguiente: las mujeres decidimos. Y tan respetable es la mujer que pare en un hospital privado como quien lo hace en su casa; la que pare y prefiere que le asista el obstetra, como quien quiere que sólo esté la matrona en su parto; la que quiere estar acompañada de su pareja, como la que requiere de una doula; la que acude puntualmente a sus revisiones y sus ecografías, como la que no va a ninguna y no quiere hacerse la prueba de la glucosa ni se quiere vacunar de streptococo; la que decide administrar la vitamina K oralmente y la que elige no dársela a su hijx. 

Imagen de Jesusa Ricoy
Sería maravilloso que todas estuviéramos muy bien informadas para tomar esas decisiones. Pero la realidad es que cada mujer afronta su maternidad de manera muy distinta: hay quien devora libros, hay quien se fía de lo que le dice su hermana, su tía o su suegra, está la que sólo confía en el personal sanitario y la que sólo tiene oídos para sus comadres. Afortunadamente la información buena, esa basada en evidencia científica está cada vez más al alcance de la mano. Como en educación y permitidme el símil ya que provengo de ese ámbito, cada vez es menos necesaria la figura omnisciente que todo lo sabe, la enciclopedia ambulante, y cada vez más urgente la persona  que hace lo que es específicamente humano: acompañar para que cada una saque el potencial que como mujer tiene dentro, para que se sepa dónde buscar y dónde encontrar información válida, para que se pueda decidir autónomamente según los criterios y los gustos de cada una, con sus miedos y sus seguridades.

Por eso (aparte de por lo que me toca como doula) estoy en total desacuerdo con el informe. Y considero que las doulas tenemos mucho que andar y mucho que hacer. Pero el punto inicial y también el final debe ser situarnos al lado de las mujeres y de su derecho a decidir. Si nos profesionalizamos, si hay una fp, si hay una o dos asociaciones nacionales... ya se irá viendo. Pero no podemos reducir este informe a un mero ataque hacia la figura de la doula. Ese documento es un insulto institucional hacia la consideración de las mujeres como sujetos de pleno derecho, capaces de decidir sobre ellas mismas y sobre sus hijxs.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Feliz Na(ti)vidad y feliz crianza!

En estos días es frecuente encontrarse con madres sobrepasadas por estas fiestas. Y no lo están debido a las muchas comidas, encuentros, cansancios... sino por los continuos consejos y cuestionamientos (jamás pedidos) hacia su manera de criar a sus hijxs. Es así. Normalmente quienes están más cerca de nosotras son aquellas personas que se creen con el derecho de decirnos cómo llevar nuestra vida, por esa cercanía aunque sea meramente física y que no comparten planteamiento alguno o forma de ver las cosas.
A lo largo de estos días esos encuentros familiares se suceden y nos topamos con esas preguntas: "Ah, ¿aún le das pecho?", "¿pero sigue despertándose por las noches?", "está un poco delgadx, métele papillas", "es que así no va a comer bien nunca, prepárale una papilla/puré/lo que sea", "no pasa nada porque llore un poquito, deja de cogerle", "así nunca va a ser una persona independiente, tiene que aprender cómo es la vida"... y un sin fín de frases gratuitas. Porque, tengan o no razón, la verdad es que nunca pedimos opinión acerca de lo que hacemos.
Y es que a lo más que aspiramos durante estos días de familia tras familia es que nadie nos diga nada. Ya no pedimos que nos aplaudan o si quiera un reconocimiento de lo que estamos haciendo: que al fin y al cabo, criar de manera consciente a una criatura ofreciéndole cariño, comprensión y respeto hacia sus necesidades es cansado. Porque sí, es normal que sus necesidades y las nuestras entren en conflicto de vez en cuando. El año pasado mi hijo tenía 6 meses cuando llegaron las Navidades. Nosotrxs dormirmos juntxs, seguimos con la lactancia, y en ese momento aún no habíamos empezado con la alimentación complementaria. No sé si lo hemos hecho bien, mejor o regular pero yo miro hacia atrás y en este año y medio de vida de mi hijo me queda la sensación de haber tenido siempre la intención de respetarle a él. Sí, de tenerle en cuenta como persona. Parece sencillo decirlo pero la cuestión es que si miramos alrededor lxs niñxs no son sujeto activos de derechos. Si lloran es que son unos manipuladores, si piden brazos también, si se entristecen y ponen pucheros, también te quieren manipular. Si comen poco, comen mal. Si no comen lo que les has preparado, comen mal. Si no duermen lo que un adulto necesita que duerman (esto es, al menos sus ocho horas de seguido), duermen mal. Afortunadamente las Navidades pasadas estuvieron desprovistas de encuentros con gran parte de familia, y eso las hizo mucho más llevaderas y así no tuve que ver la cara de personas que me gritaron que mi hijo necesitaba chupete (cuando tenía un día de vida) o que mi leche no alimentaba. Sí, en todos los lugares cuecen habas...

Independientemente de si optamos por lactancia materna o artificial, por dormir juntxs o cada unx en su habitación, por comer sólidos o comer papillas y purés... parece que una madre (y su pareja) han decidido hacerlo así por una serie de razones. Y esas razones, personales que entrañan responsabilidad y seguramente una manera de ver la vida, no deberían ser cuestionadas por nadie. No deberían estar sujetas a opinión de nadie y mucho menos cuando ésta no ha sido requerida.
Por respeto.
Respeto hacia esa criatura y respeto hacia esa madre.




Como muchas veces no lo encontramos, tenemos que proporcionárnoslo. Cada una decidirá si quiere dar sus razones. Yo no. Soy de espíritu conciliador pero resulta que en el tema de la crianza todo el mundo opina (claro, mucha gente ha tenido prole). Como decía, si decido dar teta es mi opción, una opción personal que entraña muchos aspectos de mi persona y que me compromete a muchos niveles. Por tanto, daré razones sólo a quien me merezca la pena. No es bueno sentirse obligada a argumentar, a dar explicaciones. Es mi vida. Son nuestras vidas y nuestrxs hijxs. 


Creo que es muy sano ensayando nuestra maternidad, poner límites. Muchas no estamos acostumbradas a marcarlos, a decir NO. Nos han educado en complacer y con la maternidad aparecen conflictos. Sin embargo, somos nosotras autónomas y dueñas de nuestras decisiones. También responsables de ellas. Saber delimitar nuestro territorio (nuestra vida) y hacerlo respetar es hacerlo valer. No es necesaria la agresividad ni la violencia: con asertividad, lo cual no está exento de otros conflictos y desencuentros... pero así son las cosas.
No nos sintamos mal por decir que NO, por no contestar, por decir cuándo no se tiene razón... o simplemente por responder un sencillo "hago lo que considero". 

Son unas fechas intensas. Y con un bebé al lado mucho más. Cada una puede encontrar la manera más sana para ella de vivirlas y capear las preguntas, exclamaciones y, en fin, opiniones acerca de la crianza de sus hijxs. 

Feliz Na(ti)vidad!

lunes, 22 de diciembre de 2014

Un lugar cálido y acogedor

A raíz de las últimas declaraciones del presidente de la SEGO en esta noticia sobre el parto domiciliario en el diario El País.




lunes, 15 de diciembre de 2014

Transgrediendo el ruido

Creo firmemente que la figura de la doula en el modo de vivir que socialmente impera es transgresora. La tarea de la doula es acompañar (a las mujeres, a las parejas, a las familias) y esto que es solamente una palabra hace falta explicarlo muy claramente porque a veces es difícil de comprender. En los encuentros que comparto con otras mujeres embarazadas o bien ya con sus bebés nacidxs, me esfuerzo por bajar a la tierra y concretar en qué consiste la misión de la doula por varias razones. La primera es que existen tantas doulas como mujeres acompañan y cada una tiene su manera de estar, de conectar, de comprender y cuidar la maternidad. La segunda es que hay muchas doulas que complementan su tarea de acompañamiento con otros saberes o destrezas (yoga, reiki, asesoría de lactancia, asesoría de porteo, psicología, terapias alternativas...) y, sin menospreciar ninguno de ellos, tengo la sensación de que a veces lo de "acompañar" queda detrás, oculto bajo todos esos conocimientos que sí pueden ocupar lugar en un currículum. Y éste es un punto importante: vivimos en la época de los saberes hiperfragmentados. Cada  conocimiento tiene su descripción y su título correspondiente que lo avala. Y es fundamental tener un currículum vitae bien largo en el que se especifiquen todos y cada uno de nuestros conocimientos. Si no, estamos fuera del mercado de trabajo. Por eso, esto de "acompañar"... así como que queda un poco pobre, ¿no? Tenemos que tener cuidado y no caer en la carrera frenética de la "titulitis". Como doulas tenemos la obligación (por el respeto y amor hacia las mujeres que acompañamos) de formarnos y actualizarnos continuamente. Hay lugares y profesionales geniales que ofrecen cursos, talleres... formación muy buena, que es recomendable tener en cuenta. Sin embargo, las doulas no podemos pensar que somos "menos" doula por "simplemente" acompañar y no ofrecer otros servicios que complementan nuestro acompañamiento. Porque el núcleo, la razón de ser de la doula es acompañar. Nada más y nada menos. Pero es cierto: lo de acompañar así a secas, suena un poco pobre.


En una manera de entender la vida, en la del autobombo, en la de querer ser protagonistas, en la sociedad del ego... es difícil querer ser esa mano que aparece desde la derecha de la foto y que conforta a la mujer que es verdaderamente centro y razón de ser de nuestro acompañamiento. Ésa es la doula, que no actúa, no fija la atención de nadie, sino que es y justo en esta manera de estar, de hacerse presente-ausente, de aparecer cuando se la necesita y de pasar totalmente desapercibida consiste su acompañamiento. Sinceramente esto es algo más complejo para escribirlo en un currículum, para contarle a alguien deprisa y corriendo... Pero es así. Para mostrar qué es una doula se necesita algo de tiempo, y justo de eso no hay mucho en esta sociedad de prisas, agobios, títulos, figuras imprescindibles, opiniones, consejos no pedidos... y poco respeto a los ritmos de crecimiento, desarrollo y a las necesidades individuales y grupales. 

En este primer sentido es en el que me parece transgresora la figura de la doula. Pero también en un segundo que ya queda un poco dibujado en líneas anteriores: en ese no hacer de la doula. Me gusta mucho leer a Liliana Lammers, porque ella lo explica muy bien y afirma que "la doula vale por lo que es, no por lo que sabe":

“Hoy, en un momento en que disponemos de dos maneras de comprender el proceso del nacimiento, no es sorprendente que existan dos tipos de doulas (y dos tipos de parteras, matronas, etc.). Un grupo es representativo del paradigma cultural dominante, que es la repercusión de miles de años de interferencias a través de creencias y rituales. Este enraizado condicionamiento cultural se basa en la idea de que una mujer no tiene el poder de parir por sí misma.  En este paradigma las palabras clave son: “ayudar-apoyar-coach-guiar-manejar”.  Dentro del marco de referencia de este paradigma dominante, las doulas necesitan una “formación”, un “entrenamiento”.  Este paradigma –obviamente-  ha llegado a sus límites,  ya que, en cuanto a lo concierne a la historia del nacimiento, estamos al fondo del abismo. El otro grupo se caracteriza por una comprensión del proceso del nacimiento inspirada en la fisiología moderna.  El proceso del parto es considerado un proceso involuntario, bajo el control de las estructuras arcaicas del cerebro.  En general, uno no puede ayudar un proceso involuntario  Sin embargo, un proceso involuntario puede ser perturbado por situaciones inhibitorias fácilmente identificables gracias a conceptos fisiológicos bien establecidos; como por ejemplo, el concepto de antagonismo entre la oxitocina y la adrenalina y el concepto de inhibición neocortical.  Dentro de este paradigma emergente, la palabra clave es “protección” (protección de un proceso involuntario en contra los factores que lo puedan inhibir): el proceso del parto tiene que ser protegido, en particular, en contra de los efectos del lenguaje, de la luz y de situaciones que estimulan la atención tales como sentirse observada o sentirse insegura." 
Podéis leer más aquí.

Un ruido ensordecedor

La doula protege, pero no sólo durante el parto. También durante el embarazo. Y es que lo vivimos rodeadas de ruido: el de las personas que nos comparten sus experiencias como madres, las que nos anticipan cómo vamos a vivir (de mal, además) el parto o la primera crianza de nuestras criaturas; el de los medios de comunicación que nos venden necesidades que o bien no existen o bien son superfluas mientras estamos embarazadas y cuando ya han nacido nuestrxs bebés; el de las innumerables pruebas médicas que nos confinan en el ámbito de la enfermedad y nos impiden vivir con gozo y alegría nuestros embarazos... Un ruido ensordecedor que está ahí desde siempre. Es un ruido que nos hace difícil conectar con nuestro cuerpo y abrazarlo tal y como es, con sus ciclos, con sus tamaños y sus formas... desde que somos niñas. Y cuando llegamos a adultas y nos embarazamos saltan muchos mecanismos de sordera de esos ruidos que hacen que muchas queramos vivir(nos) de otra manera.

La doula acompaña el embarazo sin querer ser una biblia del mismo. La doula no todo lo sabe ni tiene por qué saberlo. La doula informa de manera objetiva (sin asesorar, sin aconsejar, sin opinar) pero sobre todo, la doula acompaña emocionalmente. Eso significa sacar a la luz ese ruido que, como mujeres, está con nosotras en mayor o en menor medida con el objetivo de que afloren los miedos y seamos conscientes de ellos (ni siquiera para obviarlos o para borrarlos) y seamos conscientes de nuestros deseos, esperanzas e ilusiones. Desde la alegría es donde queremos colocarnos para vivir nuestra maternidad. Desde la alegría y la libertad de sabernos dueñas de nosotras mismas y de nuestros cuerpos. Desde la responsabilidad gozosa de ser madres.
Creo que la doula transgrede porque es una figura símbolo del silencio, la sombra, el papel secundario. Porque acompaña y esto quiere decir estar al lado de alguien sosteniendo emocionalmente un proceso de transformación personal. Con respeto, con mirada cariñosa, con actitud atenta, con esperanza e ilusión. Una persona que da tiempo a quien necesita tiempo y que protege a quien necesita ser protegido para desplegarse en todo su potencial. 
Creo que todas estas actitudes y esta forma al fin y al cabo de habitar el mundo y de generar espacios y relaciones íntimas y respetuosas son profundamente transgresoras en la sociedad en la que vivimos. Estamos acostumbradxs a la rapidez, a la urgencia, a relaciones superficiales y comunicación de ascensor. A vivir de forma privada y sin compartir los momentos de cambio y de crisis de nuestras vidas. A no darle lugar a la emoción y al deseo. Por eso la tarea de la doula es a veces compleja de explicar y vislumbrar. Pero es una responsabilidad llena de luz y de posibilidades.


martes, 15 de julio de 2014

Porque tú quieres

A parte de:

  • una reducción del 50% de las cesáreas
  • la reducción de la duración del trabajo de parto en un 25%
  • el uso de oxitocina artificial reducida en un 40%
  • la epidural y otras analgesias reducidas en un 60%
  • la reducción de sentimientos y experiencias negativas en el parto
  • el aumento del éxito en la lactancia
  • una adaptación más sencilla a las nuevas dinámicas familiares
  • el sentimiento de empoderamiento de la mujer
  • el descenso del riesgo de una depresión postparto
  • y la incidencia más baja de abuso sobre la mujer a lo largo de su maternidad...
(tomado de www.decodedpregnancy.com)

A parte de esto, la razón más poderosa para querer que una doula te acompañe es justamente esa: que TÚ QUIERES.

viernes, 4 de julio de 2014

Sobre nuestra libertad para cambiar

Una de las promesas que quizás te hagas estando embarazada y si en tu entorno no sois muchxs lxs amigxs que tenéis criaturas es que no vas a cambiar después de tener a tu bebé. Seguramente una de las preguntas que te hagan aquellas personas cercanas después de haberlo tenido es si te ha cambiado mucho. Y por supuesto que una de las afirmaciones que se repiten tras su nacimiento es "anda, lo que te ha cambiado la vida!". 

Cada una nos hacemos unas expectativas, unas componendas cuando estamos embarazadas por primera vez acerca de cómo será la vida postparto, ya sean pocas o muchas, muy detalladas o pocas. Depende de muchos factores: de la información (real) con la que contemos, de las experiencias de maternidad y paternidad que nos rodean... La cuestión es que nos proyectamos siendo madres y miramos hacia un futuro próximo. Ya siendo madres y más siendo puérperas podemos girar la cabeza hacia el pasado, hacia esa vida que teníamos sin nuestrxs hijxs y a veces casi ni si quiera recordarla. Parece que siempre hemos vivido así, en una especie de tiempo circular en el que nuestros ojos miran casi continuamente hacia esta otra persona que llena nuestros días y nuestras (pre)ocupaciones.

¿Ya no soy yo? Pero... ¿quién era yo antes de esto?

Es bueno olvidar por completo los mandatos del entorno (ya sean medios de comunicación o personas de carne y hueso) que nos ordenan eso de "volver a ser la que eras antes" tanto física o mentalmente (principalmente en lo que concierne al físico, sí, pero también en cuanto a los ritmos del día a día, el ocio, las distracciones, etc.). Es una presión sobre nosotras que no ayuda a componerse tras el nacimiento de un/x hijx. Poco a poco una se va a encontrando con ella misma: frente al espejo, frente a lxs demás, frente a la pareja... Es sano mirarse con cariño: cuidarse el propio cuerpo (no me refiero a ponerse a dieta, sino más bien a mimarse una misma) y aceptarlo con cariño. Sí, hemos podido cambiar tras el embarazo y tras el parto y es una tarea que cada una tiene que hacer el encontrarse con una misma en el espejo. Encontrar tu espacio entre lxs demás también es una tarea pendiente, un proceso lento que requiere tiempo y más tiempo: has de reconocer cuáles son tus ritmos (ahora, por lo general, cambiantes y dependientes de las necesidades de otra persona) y tus lugares. Y esto puede resultar algo duro. 

Y al igual que nos mimamos el cuerpo y lo miramos con afecto, así también la pareja. Dejando espacio y tiempo a las nuevas emociones, a la necesidad de reposo y de descanso, a las nuevas formas que adquiere lo sensual y lo sexual. Trabajando en común, poniendo paciencia, empatía y amor. Tampoco aquí vamos a encontrarnos seguramente rápido. Pero todo llega. Y llegan los momentos de tranquilidad, de reflexión, de hacer memoria, de volver a mirar hacia adelante. Y llega ese instante en el que te encuentras entera de nuevo (o casi entera), como si los trocitos que has sido tú en los últimos tiempos se reunieran otra vez. 

¿Soy la misma? 

¿Qué significa ser la misma? Cada experiencia nos transforma. Somos moldeadas por todo aquello que vivimos (y más con intensidad), por todas aquellas personas que dejamos entrar en nuestra vida y removernos más o menos. Una no es la misma después de 5 años. Tampoco después de haber encontrado a una gran amiga. Ni si quiera tras compartir la vida con alguien a quien quieres durante un café. Una no es la misma tras querer a alguien. Tampoco cuando le hacen daño. Todo cambia. El embarazo, el parto y el nacimiento de un/x hijx es un cúmulo de experiencias de remueven, descolocan, trastocan, rompen, desgarran... a todos los niveles de la vida de una mujer. ¿Cómo voy a ser la misma?

Permitidme mi derecho a cambiar. Permítete la libertad para cambiar. Mucho, poco... qué más da. Lo importante es darnos ese tiempo y ese espacio para hacerlo. Cada una sabrá cuánto necesita. Pero hay que permitírselo porque es fundamental vivir intensamente y con profundidad las experiencias que nos dejan huella: para disfrutarlas, para reflexionarlas, para compartirlas y para aprender de ellas y de nosotras mismas.
Me quedo con la canción de Mercedes Sosa:

adoro a esta mujer <3

lunes, 30 de junio de 2014

Buscando formación de doula

Se cierra un curso escolar y con ello, se entrevé el comienzo de otro... y así numerosos talleres, formaciones, másters del universo y un largo etcétera. También formaciones de doulas. Después de leer algunas manifestaciones personales en las redes sociales de otras doulas y también algún que otro comunicado, se mezclan en mí varios pensamientos y sentimientos...

Recuerdo que cuando quise formarme como doula anduve buscando cursos sin mucha orientación. Es cierto que venía de Argentina y allá la figura de la doula tanto formal como materialmente es distinto a cómo se entiende la doula en España (así como su complementariedad con las matronas). Me metí en internet y comencé a ver formaciones: sus contenidos (se parecían bastante muchas), el número de módulos de los que constaban, su precio, su localización, su duración, en dónde se impartían (algunas tienen lugar en otros centros de formación de otras disciplinas...), sus ponentes... Me hice una buena comparativa, según mi opinión, y, sin muchos criterios más allá de mis preferencias personales me lancé a pedir información a unas tres. Todas ellas me contestaron rápido, de manera afectuosa y clara. Finalmente me decanté por una que aún no había comenzado (volví de mi viaje en septiembre y en esa fecha empiezan la mayoría), que estaba muy cerca de mi domicilio de entonces y cuya encargada resultó simpática, cercana y seria. Realmente era un dinero considerable lo que costaba la formación y por eso, esperé a verlo claro. Comenzaba mi embarazo y principalmente quería esa formación para mí: en ese momento inicial lo de trabajar como doula no lo visualizaba aunque algo intuía: antes de comenzar la formación empecé a leer todo lo que caía en mis manos sobre acompañamiento en la meternidad y junto a mis nuevas necesidades incipientes como mujer embarazada y a mi experiencia en acompañar procesos personales en el ámbito de la educación... me gustaba lo que comenzaba a dibujarse en mi cabeza, siendo aún sólo un esbozo todas aquellas ideas y sensaciones nuevas que se agolpaban dentro de mí.

Resultó ser un espacio acogedor que me aportó diferentes aprendizajes muy útiles y válidos: ser acompañada por un grupo heterogéneo de mujeres en el que la palabra amable y el gesto cuidado hicieron el compartir vida y camino un profundo disfrute. Compañeras que nos encontrábamos codo con codo aprendiendo y hablando de quiénes éramos, lo que deseábamos y quiénes queríamos ser. Compartiendo nuestras luces y nuestras sombras como mujeres. Por eso, la formación fue una oportunidad de reencuentro conmigo misma de forma diferente a cómo había sido siempre ese trabajo de introspección que ya había ensayado en varias ocasiones: descubrirme como mujer en compañía de otras mujeres y mimar mi pasado con sus momentos buenos y también con sus oscuridades para proyectarme con más luz para servir en el acompañamiento a la maternidad de otras mujeres mientras yo estaba viviendo la mía propia. 


También realicé otro tipo de aprendizajes más técnicos, más centrados en el conocimiento acerca del embarazo, parto y postparto de la mano de grandes profesionales que giran en torno a la maternidad (mujeres sabias) al tiempo que iba creciendo en mí la necesidad imperiosa de informarme más y más. Seguramente una de las cosas más valiosas que recibí en la formación fue la mirada amable y empática hacia otras maternidades y paternidades: hacia las decisiones de las mujeres embarazadas y madres. Colocarme en ese lugar de empatía, paz y comprensión me ha hecho crecer como persona y como mujer y ser capaz de enfrentar mi maternidad y las experiencias que ha llevado consigo de una manera madura y tranquila.

Y es que el acompañamiento es un arte.

Un arte que en España no está reconocido como profesión: no hay unos estudios formales, oficiales, institucionalizados, homologados... de doula. Lo cual es un fastidio... además de una pena (está demostrada la utilidad de la presencia de la doula durante el trabajo de parto, por ejemplo, para evitar partos instrumentales, episiotomías, cesáreas y compañía y favorecer partos normales y vaginales aparte de lo bueno y lo saludable que es un acompañamiento emocional continuo y personal durante el mismo para la mujer...). Y al no estar reconocido como profesión ocurren cosas malas, aunque también buenas (como en toda enseñanza no reglada y fuera de las instituciones educativas). A las malas se las da mucha prensa (ojo, no digo que no haya que darla): mujeres que se hacen llamar doulas y realizan prácticas que no competen a la doula sino a la matrona, formaciones que prometen profesionalización cuando ésta es imposible porque no existe legalmente nada así para las doulas... Sí, hay mucho desamparo que deja la puerta abierta a todas estas cosas... y otras también desagradables (persecución de doulas por parte de matronas...). Está claro que hay que arrojar luz sobre la figura de la doula: darla a conocer, mostrar la importancia del acompañamiento durante la maternidad (por alguien a quien la mujer embarazada/madre quiera ser acompañada... llámese doula, prima o hermana...), la actual medicalización de los procesos de la maternidad y otros muchos aspectos que de forma implícita o explícita van de la mano de la figura de la doula. Por ello es bueno aclarar públicamente qué es una doula y para qué sirve (así cómo que no es una doula y para qué no puede servir, qué prácticas no son de su competencia, etc.). También, como se ha dado ahora el caso, hablar de qué no es bueno ofrecer en las formaciones (colectivamente hablando y para ser honestas con las mujeres a las que pretendemos formar y acompañar).

La otra cara de la moneda de este desamparo profesional es la aparente necesidad de algunas doulas de presentarse como "algo más" que doulas: numerosas terapias, técnicas... corporales, mentales, espirituales y un largo de etcétera que aparecen como complementos de la doula. Personalmente creo que está genial que cada una se forme en lo que sienta que debe formarse. Pero lo que está claro es que no por ser terapeuta en x o profesora de yoga/pilates/x o psicóloga o lo que sea en lo que me haya formado soy "más" doula. Para ser doula tengo que acompañar. Ya está. Todo lo demás me enriquece personal y profesionalmente pero una que es psicóloga y doula no puede, por ejemplo, como doula tratar una depresión postparto. Otra cosa es que trabaje como psicóloga tratando depresiones postparto. Pero una doula no puede diagnosticar o tratar una depresión postparto. Me explico, ¿verdad? Parece que ser sencillamente doula es no ser nada y necesitamos un montón de títulos que avalen nuestra persona... 

Es una lástima que las formaciones de doula no estén regladas por ley en este país, pero como dice Yolanda "crecemos y somos una realidad". Ya va siendo hora de a esta realidad se la nombre legalmente. Dar nombre a las doulas sería definirnos y así, por fin, arrancarnos del interrogante de nuestra existencia. 

Para saber qué es una doula, encontrar alguna formación maja, aquí.