miércoles, 18 de junio de 2014

Permiso de paternidad y permiso de lactancia. Nuestra experiencia

El pasado sábado 14 tuvo lugar en Madrid por tercer año consecutivo el Congreso sobre maternidad/paternidad Celebrando la Vida (www.celebrandolavida.es) organizado por Yolanda Caballero (www.luznatal.es) y me hizo un huequecito para hablar sobre el permiso de paternidad y el de lactancia. 
Soy madre de un bebé que en dos semanas cumplirá un año y quiero compartiros cómo ha influido en este año de estrenar maternidad y paternidad en nuestra familia, sobre todo, el permiso de lactancia que aún seguimos disfrutando. Y digo seguimos porque, aunque el que está disfrutando del derecho es mi pareja, somos los tres los que nos estamos beneficiando de él.
La transición hacia la paternidad...
El permiso de paternidad (que en la página de la seguridad social aparece nombrado como "descanso por paternidad") son actualmente 13 días a partir de la licencia por nacimiento de hijo. Desde 2010 llevan retrasando la modificación de este permiso a cuatro semanas obligatorias. Lo cual es bastante menos que los 18 meses que se llegan a conceder en Suecia, por ejemplo. Y el de lactancia es un permiso que puede disfrutar uno de los dos progenitores y se trata de una reducción de la jornada laboral de una hora hasta que la criatura cumple los 9 meses (puede haber diferentes opciones para disfrutar de este permiso, en la página de El Parto es Nuestro tenéis toda la información legal relevante a este respecto http://www.elpartoesnuestro.es/informacion/conoce-tus-derechos-area-legal/baja-maternal-excedencia-reduccion-horaria-y-otros-permisos).
Yo he tenido la suerte de poder estar sin trabajar durante el embarazo y también desde el nacimiento de nuestro hijo hace casi un año. Mi compañero trabaja para el Ayuntamiento de Madrid y pudo disfrutar de un mes entero de permiso de paternidad. Tiempo que a él le pareció escasísimo. Recuerda que, como padre primerizo, sacó unas cuantas películas y un par de libros para ese mes... Error. Devolvió todo sin si quiera tocarlo. Ese mes entero fue realmente importante para comenzar nuestra vida en familia. Hacernos cargo de las nuevas necesidades, empezar a adaptarnos a los nuevos ritmos... Y se pasó volando. Fue gracias a que nos fuimos a vivir a la segunda residencia de mis padres, con ellos (cosa impensable para mí hasta entonces) que pudimos respirar un poco ese mes y mucho más todo el verano. Al figurar yo como desempleada, no le concedieron el permiso de lactancia a él hasta el octavo de mes de vida de nuestro hijo, cuando un funcionario del Ayuntamiento ganó el juicio por el mismo caso. De esta manera, desde febrero, mi pareja sale dos horas antes del trabajo. Podía entrar dos horas más tarde o repartírsela entre una hora y otra hora al final. Sin embargo, lo decidimos así porque a la hora en la que él entra a trabajar nosotros dormimos. El resultado es una mañana muy buena: nos levantamos tarde, desayunamos, y cuando queremos salir a dar una vuelta él ya está en casa. 
Y es que... dos horas son un mundo.
La mujer es consciente de que es madre desde el embarazo y el nacimiento de la criatura como algo biológico materializa ese hecho. La pareja, sin embargo, necesita una transición hacia la paternidad que no viene marcada por un momento biológico: los permisos ayudan a que se materialice ese paso hacia ser padre. Fue el permiso de paternidad el que marcó verdaderamente el despegue de él como padre, haciéndose consciente cada día que pasaba (aparte de la experiencia tan intensa que fue vivir el parto acompañándome en todo momento... Esta experiencia la dejamos para otra entrada). Y sin duda, el permiso de lactancia permite hacer real la corresponsabilidad de la crianza (amén de un horario de trabajo decente). Conozco a algunas mujeres también madres de bebés menores de un año que sienten estar solas todo el día con el bebé, lo cual agota y exaspera. Afortunadamente no he sentido eso.
Un factor muy importante fue la información que fuimos tomando a lo largo de todo el embarazo. Aunque la verdad es que nos centramos mucho más en el momento del parto y del postparto en la lactancia que en la cuestión de la crianza. Es cierto que para criar se necesita a toda la tribu (os aconsejo leer el libro de Carolina del Olmo, "Dónde está mi tribu" http://www.traficantes.net/libros/donde-esta-mi-tribu). Pero cuando ésta falta es imperioso el que la pareja comparta la crianza y todo lo que la rodea. En nuestro caso también todo el funcionamiento de la casa que a veces nos sigue sobrepasando. Sin embargo, es fundamental conocer las distintas necesidades que van apareciendo y saber satisfacerlas de manera complementaria. Cada uno tiene unas funciones que, si bien flexibles, siempre son ayuda y apoyo al otro.
Que hayamos vivido el permiso de paternidad y de lactancia de esa manera ha hecho que pongamos en el centro la cuestión de los distintos cuidados que tenemos que procurarnos para vivir (y no simplemente sobrevivir) el día a día. Tanto a nivel individual como a nivel familiar. Es bonito descubrirse sostenida en la vorágine de los cuidados, un tiempo circular que se acrecienta al no salir de casa a trabajar y también es reconfortante reconocerle los cuidados y la atención dispensada.
Por último, también nos ha gustado el que institucionalmente se reconozca, si bien de manera insuficiente, que la responsabilidad de la crianza es compartida. Socialmente ese reconocimiento es incluso más importante y generalmente tiende a escasear... Por ejemplo, yo siempre me encargo de decir que la lactancia materna de nuestro hijo es un éxito gracias al sostén físico, emocional y logístico de mi pareja. Está claro que cada uno somos de una determinada manera y que ha habido y hay cuestiones que trabajamos en pareja y de forma individual, pero por supuesto, que los permisos han ayudado mucho en esta cuestión a la hora de irnos descubriendo como madre y como padre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario