viernes, 20 de junio de 2014

Una primeriza en búsqueda de lectura

A raíz del artículo del EPEN de "No leas tanto" he recordado algunos momentos de mi embarazo cuanto menos curiosos. Cuando me quedé embaraza fui directamente a la FNAC a echar un vistazo a la bibliografía sobre embarazos... me encontré de repente con unas tres estanterías enormes llenas de libros sobre embarazo, parto y crianza (así todo mezclado) y yo con los ojos abiertos de par en par sin dar crédito a lo que veía. Me detuve a leer los títulos de todos esos libros. Había algunos que no me decían nada, otros que me aterrorizaban por lo ñoños y cursis que parecían y otros que no tenía claro si iban a ser de mi onda. En ese momento no tenía claro ni siquiera cuál era mi onda aunque sólo tenía un punto de partida, algo así como una raya que hacía de límite: leyera lo que leyera quería que tuviera como horizonte el respeto hacia mi cuerpo. Realmente era un buen punto de partida. Quería una lectura que me aclarara punto por punto todas (y cuando digo todas me refiero a t-o-d-a-s) las cuestiones referentes al embarazo: cambios que podía experimentar mi cuerpo y mi mente, intervenciones médicas a las que iba a enfrentar y su necesidad o innecesidad... 

Es cierto que en verdad no partía de cero. Y es que unos días antes andábamos de viaje por Argentina y con unxs amigxs en La Plata nos animamos a asistir a un campamento de formación en géneros. En él nos juntamos para el taller sobre embarazo y parto respetados (sí, ahí intuíamos que podía estar embarazada). Allí escuché por primera vez palabras como "oxitocina", "parto respetado", "parir sin dolor", etc., de mano de un grupo de parteras re majas comprometidas con los partos respetados y los derechos de las mujeres y de sus criaturas. Me fui con algún texto bajo el brazo y muchas ideas en la cabeza. Una de ellas: formarme como doula. 
El poder es nuestro
Así pues, de la FNAC salí a la media hora con dolor de cabeza y con un rumbo claro: necesitaba un primer filtro para acceder a la información necesaria. En ese momento aún no tenía una red de mujeres que hubieran pasado por un embarazo o supieran de estas cosas, tampoco a mis compañeras doulas queridas... así que me fui directa a la Librería de Mujeres. Pensé -acertadamente- que ahí encontraría lecturas que respetaran el cuerpo de las mujeres. Correcto. Después de mirar un rato los libros que tenían me decidí por El nuevo gran libro del embarazo y del parto, de la más grande aún Sheila Kitzinger (claro que no sabía por aquel entonces el pedazo libro que me estaba llevando... eso lo supe algún tiempo después). Un libraco de los buenos, gordos, con explicaciones, ilustraciones para todos los gustos (oh! hablaba del parto en casa!!)... En fin, que me marché contenta de la librería sabiendo que tenía lectura para rato. Era el primer libro de otros tantos que vendrían.

Las mujeres no somos iguales: cada una vive su embarazo a su manera. Está claro, ¿no? Es obvio que unas necesitamos leernos hasta la bibliografía del papel higiénico y otras con tener algunos apuntes claros vamos que nos matamos. Está bien. Sin embargo, hay que tener claro una cosa: el embarazo (después el parto... después el postparto) es algo que me sucede a mí en mi cuerpo. Y como tal es bueno darle la importancia que se merece y sobre todo, decidir libre y oportunamente cómo quiero vivirlo. Eso sólo puede ocurrir cuando poseo la información necesaria que me permite decidir. Elegir sin tener ni idea es... pues eso, elegir sin saber. Y quien no sabe lo que ocurre, poco margen para su libertad le queda. 

Así que mucho o poco... lee, aprende, infórmate, habla, comparte, entérate, difunde, pregunta, duda, cuestiona, decide... disfruta. Porque ese embarazo, como tu cuerpo, es tuyo.

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